Desde 1751 el pueblo de Ayabaca es el eje de profunda admiración católica.

4 minutos de lectura

CON MUCHA FE Y ENORME DEVOCIÓN SE VENERA  A LA IMAGEN DEL SEÑOR CAUTIVO.

La historia del glorioso Señor Cautivo de Ayabaca es impresionante y data desde el año 1751, cuando el sacerdote español García Guerrero ordenó que sobre un tronco de cedro encontrado en un pasaje del cerro Sahumerio en el distrito de Jililí, se talle l imagen de un Nazareno.

Ese pedazo de tronco fue encontrado por un labrador, quien le aplicó un hachazo, producto del cual comenzó a discurrir un líquido rojizo, como especia de sangre, hecho que fue comunicado a la autoridad religiosa, quien ordenó su conservación, pues le asemejaba a un hecho milagroso.

Por simple coincidencia, al pueblo de Ayabaca por ese entonces arribaron tres misteriosos hombres vestidos de impecable traje blanco y montados en tres briosos caballos albinos, quienes se identificaron como artistas talladores y se comprometieron a esculpir la obra.

Para llevar a cabo su trabajo pusieron sus condiciones. Una decía que se guardara absoluta reserva sobre su presencia en lares ayabaquinas. Otra señalaba que nadie, ni el párroco, debería interrumpirlos durante sus labores. Y una tercera condición fijó que sus alimentos debían servirse solamente al amanecer. Mejor dicho, pidieron trabajar en absoluta tranquilidad y así se cumplió.

Sin embargo, con el paso del tiempo, y al filtrarse la información de la presencia de los misteriosos escultores, la población ayabaquina no pudo más con su paciencia y decidió trasladarse hasta la cabaña donde se realizaban los trabajos.

Gritos insistentes, fuertes golpes a la puerta no tuvieron respuesta alguna y ante todo esto, los pobladores decidieron ingresar a la cabaña, encontrándose con la gran sorpresa que en el interior no había nadie, y solamente frente a ellos encontraron la imagen de un impresionante Nazareno con los brazos cruzados.

Era la imagen del venerado Señor Cautivo de Ayabaca que había sido tallado por tres ángeles venidos desde el Cielo, quienes no había probado ni un bocado de alimento, pues éste permaneció intacto.

“Han sido ángeles vestidos de chalanes que al concluir la obra levantaron vuelo y se perdieron en el infinito, este es un milagro de Dios”, fue la voz que recorrió las viejas calles de Ayabaca, y la historia, desde entonces, creció al igual que la fe y devoción, que hoy desborda pasiones católicas y religiosas por una imagen a la que se le atribuyen miles de milagros.

La sorprendente e impresionante historia del Señor Cautivo de Ayabaca también manifiesta que en el año 1904 el R.P. Tomás Eliseo Velásquez mandó a reconstruir e inaugurar el templo, que fue refaccionado en el año 1974, reconstruyéndose su fachada y levantándose dos artísticas escaleras para facilitar la veneración de la imagen del Señor Cautivo de Ayabaca en el templo “Virgen del Pilar”.

El Cautivo representa el momento en que, tras ser apresado en Getsemaní, Cristo fue abandonado por sus discípulos (ver Mt 14, 50). Jesús, de pie, maniatado, refleja en su rostro una profunda desolación.

Viste túnica morada con áureos bordados. Sus poderosas manos están atadas con dorado cíngulo. Sobre su cabeza esta una corona de espinas de oro, en la que resplandecen tres potencias del mismo metal.

En los meses de setiembre a octubre quien ha viajado por la carretera Panamericana Norte, habrá visto pegados a la pista colas interminables de fieles, vestidos de morado, jóvenes y mayores, hombres, mujeres, y mujeres con niños en brazos; son los peregrinos que se encaminan con destino a Paita a venerar a la Virgen de las Mercedes “La Mechita”, y luego encaminarse a la serranía piurana, concretamente a la provincia de Ayabaca.

Grandes son las colas que serpentean por el trayecto hacia la tierra del Cautivo, muchos de ellos llevan una Cruz a cuestas, otros con sus mochilas y en ella lo indispensable. Con ellos traen instrumentos musicales y en el camino vienen ejecutándolos, cantando para atenuar el trajín de la caminata.

Estos grupos de peregrinos son las llamadas Hermandades. Las autoridades colaboran con la Fe de los peregrinos, socorriéndolos todo el trayecto. Se sabe de personas con delitos leves purgando cárcel y que obtienen permiso para retirarse de la penitenciaría y cumplir con su promesa de “peregrinar” hacia el Divino Cautivo. Cumplida tal promesa regresan a su prisión.

El Señor llegará a los hogares donde se le venerará con mucho amor.

Spread the love